Relatos en castellano

¿Te gusta leer y escribir? ¡Manos a la obra!. Aquí encontrarás relatos basados en hechos reales. Puedes usar el Haiku para inspirarte y escribir el tuyo. Si no se te ocurre nada, te invito a contarnos tu relato o microrrelato basado en hechos reales, dejando que sean los lectores los que añadan el final a tu historia. ¿Te parece buena idea? Empezamos. Te pongo el haiku en un trozo del cuadro que incluye la guarda interior del libro, Cosas del Karma, que tiene muy buena energía. Empezaré yo para animaros, dejándome llevar por Dorado y el haiku.

«¿Qué has hecho con tus sueños?». Esa fue la pregunta que me hizo mi amiga Mazta de Portland y que me impactó. Me quedé como rumiándola en mi cabeza. Curioso, nunca me había planteado esa pregunta y es realmente interesante. Hoy quiero contestarte, querida amiga porque este haiku inspirado en la palabra, dorado, me llevó a tu pregunta y a los sueños.

Querida Matza,

Gracias por tu pregunta. Es sencilla pero me invitó a pensar y hurgar en los baules del pasado. Algo se ha removido en mis entrañas. La respuesta no es sencilla porque genera preguntas: ¿Los sueños son algo fijo y estático?, ¿Pueden estar de algún modo determinados por nuestro entorno, por nuestras circunstancias?, ¿Hay algo en nuestro ADN que influya en la definición de nuestros sueños? Te haría miles de preguntas pero intentaré contestarte a tu pregunta. Ya me dirás qué opinas.

En primer lugar hay que diferenciar los grandes sueños duraderos en el tiempo de los pequeñitos que cambian inesperadamente, porque tal vez no soy sueños. Un ejemplo muy tonto, siempre me gustaron los chicos morenos, barbudos y con pelo en pecho. Eso era lo que pensaba de adolescente y soñaba con un príncipe peludo; la realidad ha sido distinta. Me enamoré de un rubito, casi imberbe y sin pelo en pecho. En cambio, si hablamos de grandes sueños duraderos en el tiempo, recuerdo perfectamente los dos más grandes: uno, tener mi independencia económica y mi propio espacio vital, y dos, ser periodista para poder escribir, es decir, escribir con un salario garantizado para ser independiente. Realmente, mi sueño era escribir, pero en la mente de una niña que empezó la escuela a principios de los 60, escribir y periodismo iban de la mano.

Los periódicos viejos llegaban a casa envolviendo las compras y ese mundo de palabras me abrían puertas y ventanas que me oxigenaban. No había televisión y esas palabras que leía, aunque no siempre las entendía, me sugerían mundos nuevos, otros universos. Me hablaban de otros escenarios, me despertaban la imaginación. Creo que ese fue el motivo por el que desde niña quería ser periodista de prensa escrita. En realidad no había aún televisión así que igual eso influyó en mi amor por la palabra escrita. Algo que me gustaba especialmente de lo escrito era su permanencia, lo escrito no desaparecía, nadie podía tergiversar la palabra escrita y eso me gustaba, tal vez me daba seguridad.

El otro sueño: tener mi propio espacio y mi salario también fue un sueño temprano. Recuerdo decírselo a mi hermana mayor y ella se reía de mi inocencia. Yo lo decía muy en serio porque así lo sentía. Llevé mal lo de ser la pequeña porque nadie te tomaba en serio. Debía llevar en la frente que era obediente, porque cuando llegué al instituto, los profesores que fumaban, más de una vez me enviaban a su despacho por el paquete de tabaco. Eran otros tiempos, los profesores fumaban en clase, y en la universidad en los 70, fumaba todo el mundo en clases, un horror, visto en perspectiva.

Yo creo que nuestro entorno perfila nuestros sueños. Acabo de leer una entrevista a unas niñas de Tanzanía que caminan 20 kms cada día para ir a la escuela. No tienen alumbrado público, caminan de noche en la oscuridad, cruzan ríos, pasan miedo y penurias. En estas circunstancias sus sueños no pueden ser los mismos que los de otras niñas que viajan en autobús, con cuidador, con alumbrado público y un largo etcétera. Por la misma razón mis sueños son distintos, por ejemplo, de los de otras niñas de mi edad criadas en la ciudad. En el rural, donde me crié, tampoco había alumbrado público y a  menudo ocurrían percances poco gratos. Los malos tragos eran el pan nuestro de cada día. Todo eran miedos. Recuerdo una enorme camada de cerditos que criamos con biberón porque su madre se murió en el parto.  Todos ayudábamos y confieso que dentro de aquel contratiempo yo era feliz con aquellas tiernas criaturas. Imagina lo duro que era criar una camada de cerditos en aquellos tiempos, sin lavadoras,  ni lavavajillas, ni muchas otras comodidades y mis padres con cinco hijos que alimentar y vestir. La ropa se lavaba en el río o en un pilón que había en casa. Admiraba el tesón, el trabajo extenuante  y la  lucha diaria de mis padres y mis hermanos, pero al mismo tiempo pensaba que tenía que haber otros mundos posibles. Cuando observaba a los que trabajaban en la ciudad, veía la diferencia. Esas experiencias te van perfilando tus sueños de futuro. Veías a los de la ciudad que tenían vacaciones, tenían su coche, iban bien vestidos, viajaban. En aquel contexto imagino que cualquier niña soñaría con escapar del campo y tener un salario cada mes, su vivienda, su espacio, su libertad. Esos eran mis sueños vitales.

Las circunstancias de cada persona también juegan un papel importante a la hora de perseguir nuestros sueños. Cuando fui al instituto mis sueños eran los mismos, estudiar periodismo y conseguir mi independencia económica, pero, en aquel entonces, no había orientadores ni nadie que te ayudara a encauzar tu futuro como ahora. Recuerdo que la tutora nos preguntó el último año, en COU (justo el año que murió Franco), qué queríamos estudiar y lo anotaba en nuestro libro de calificaciones.  Aún no había renunciado a mi sueño, allí consta que me aconsejaban estudiar Ciencias de la Comunicación. En realidad no era nada orientativo, simplemente dejaba por escrito cuál era tu sueño, lo que tu soñabas, que no era poco. Otra tema importante es que había  muy pocas opciones de carreras universitarias.  Había muy pocas especialidades, de hecho, filología inglesa acababa de empezar en Santiago de Compostela, antes era Filosofía y letras.  Ciencias de la Comunicación era una carrera que solo se podía estudiar en Madrid o Barcelona y nadie podía orientarte sobre las asignaturas de la carrera. Era un poco como  un salto al vacío. 

En realidad, al final de COU, toda nuestra energía estaba en conseguir aprobar la selectividad para acceder a la universidad. La media de aprobados en aquel entonces era muy baja, nada que ver con los porcentajes actuales de la era covid19 que rozan o superan el 90%. En líneas generales solían aprobar los hijos de familias más acomodadas: abogados, médicos, empresarios.  Los hijos de familias humildes, muchos ya no llegaron a COU y los pocos que llegaron, no superaron la selectividad. Yo fui una afortunada pero sabía de dónde venía.  Mi mente hizo sus cálculos, mi Pepito Grillo me decía: los periodistas que conoces, muchos  son hijos de, no son ni siquiera licenciados en ciencias de la comunicación.  Esa carrera saldrá muy cara porque tendrás que viajar lejos de casa y no vas a tenerlo fácil para conseguir trabajo. Un buen día comprendes que filología inglesa te abrirá más puertas, es una especialidad nueva, se te da muy bien el inglés, te gusta, y lo mejor, te gustan todas las asignaturas: literatura, lengua inglesa, latín, filosofía. Se puede estudiar en Santiago de Compostela, a dos horas en autobus de casa.  Por si fuera poco, descubres, haciendo la selectividad, que Santiago es una ciudad con encanto, preciosa. Madrid, en cambio, no era fácil para una chica de provincias. Lo había descubierto cuando fui a hacer el examen de mecanografía a Madrid, solo podías examinarte allí; era una prueba centralizada para toda España. Me apabullaba tanta gente, cientos de almas con una máquina tecleando como locas todo lo que podían en un minuto. Aunque Madrid no me disgustó, la experiencia de las pruebas me dejó tan mal sabor que estaba deseando volver a mi pueblecito. En Santiago no había estado nunca, no se viajaba como ahora. La vi por primera vez cuando fui a hacer la selectividad. Me encantó.  Me enamoré de esa ciudad tan entrañable, pequeña, asequible, sugerente, fascinante. Decidí matricularme en filología  y cuando terminara, haría periodismo. Ese era mi nuevo sueño. De alguna manera lo había reformulado, haría filología que tenía más posibilidades de garantizarme esa indepencia económica  y ese espacio propio que soñaba y después perseguiría el sueño de estudiar periodismo para escribir. Por aquel entonces no era consciente de la cantidad de periodistas y escritores que no habían estudiado periodismo.

Fui fiel a ese sueño pero las circunstancias me llevaron por otros derroteros. En aquellos años, en la universidad no podías estudiar dónde querías. Había lo que se llamaba distrito universitario cerrado. Siendo gallega, no podías estudiar filología en Madrid, por ejemplo, si la había en Santiago de Compostela.  Las carreras eran de cinco años y al finalizar 3º ya tenías el primer ciclo y podías pedir traslado de matrícula para empezar otra carrera que no hubiera en tu Comunidad Autónoma.  Hice lo que estaba en mi mano para irme a Madrid. Solicité el traslado de matrícula y me fui a Inglaterra a trabajar en verano. Cuando me llegó la comunicación de que me aceptaban el traslado a Madrid para estudiar periodismo, volé a Madrid para matricularme en ambas carreras. Un jarro de agua fría. No me convalidaban la mayoría de las asignaturas del primer ciclo de filología. En muchos distritos convalidaban los primeros ciclos  enteros (los tres primeros años) aunque las asignaturas no fueran idénticas; en Madrid no. Me di cuenta con tristeza de que aquel traslado de matrícula sería un derroche de tiempo y dinero. Sería como empezar filología de nuevo. Decidí terminar filología en Santiago. Tenía beca y daba clases particulares de inglés, eso me ayudaba No podía arriesgarme. No había un colchón familiar para irme a Madrid y pasarme años sin trabajar.  Dejé mi sueño aparcado.

En quinto de carrera, aparece un profesor británico en nuestra facultad buscando una profesora auxiliar para el departamento de español de su facultad, TASC en Horsforth, cerca de Leeds. Sin proponérmelo y, sin ni siquiera soñarlo, recibo mi primera oferta de trabajo, mi primer salario, mi primera habitación propia. No podía rechazar ese regalo caído del cielo. Fue una experiencia divina.  Eran clases de conversación con chicos de mi edad o mayores en un College.  No había estudiado filología inglesa para dedicarme a la enseñanza. La verdad no sabía por qué estudiaba esa carrera. Nadie te hablaba de las salidas profesionales por aquel entonces, bastaba con tener una carrera universitaria. Curiosamente con esa primera experiencia descubrí que ser docente era un trabajo especial. En aquel College tenía un montón de tiempo libre para socializar y para perderme en su magnífica biblioteca.  A diferencia de la biblioteca de mi facultad donde no podías ver los libros, se pedían mirando un fichero, allí en el College podía pasearme por las estanterías y coger todos los libros que quisiera, sentarme y explorar cada página sin cubrir ninguna ficha. Solo tenía que cubrirla si los sacaba de la biblioteca. Mi residencia estaba en el campus así que no perdía tiempo cubriendo fichas. Me pasaba horas en la biblioteca. Cojía varios libros y me sentaba a explorar. Leía por placer, todo lo que me interesaba. Quería aprovechar aquella oportunidad única. Cuando mis compañeras me escribieron diciendo que se iban a matricular en las oposiciones, me entraron dudas. Decidí apuntarte para ver cómo eran. «Tendrás tiempos de prepararlas el próximo año», piensas. Ahora tocaba aprovechar aquella magnífica fuente del saber que era la biblioteca. Al terminar el curso me pasé por Madrid para ver cómo eran las  dichosas oposiciones. Te suena la flauta. Sacas la plaza. Empiezas a trabajar. De nuevo tienes tu salario, tu habitación propia, tu independencia. No puedes bajarte de ese tren. Recuerdas esa dicho de mas vale pájaro en mano que ciento volando. Sabía de dónde venía y no podía dejar aquel regalo que me daba la vida. 

Ese tren, curiosamente, me llevó por muchos destinos, en uno de ellos aparecioron ofertas para escribir muchos libros, una serie que publicó el MEC con Edelvives, otra serie de 4 libros de texto de inglés para Macmillan y un largo etcétera.  De alguna manera la vida me estaba enseñando que todos los caminos llevan a Roma. Tendría la oportunidad de cumplir mi sueño: escribir. No solo escribí libros de texto, también muchos artículos relacionados con mi ámbito educativo. Lo disfruté mucho y me garantizó ese otro sueño de escribir que tenía aparcado. Siempre he dado gracias  a la vida por todas las oportunidades, tenía motivos.  En respuesta a tu pregunta, querida Matza, te diré que me siento en paz conmigo misma. Hice lo que pude, sin acritud, partiendo de la realidad de mi entorno, aprovechando mis circunstancias. No se podía pedir más. Eso creía…

Con la jubilación llegó el regalo sorpresa, ahora sí estoy cumpliendo mi sueño: dedicarme íntegramente a escribir lo que me apetece y con total libertad. Escribo por el puro placer de escribir, igual que iba a la biblioteca inglesa de joven recién licenciada a leer lo que me apetecía por el puro placer de leer y explorar mundos nuevos. Esto es lo más fascinante y es un regalo divino, hacer lo que amas sin ningún tiempo de presión, a tu aire, siguiendo tu corazón, es una delicia.

Mientras te contesto, querida Matza, en mi cabeza están revoloteando muchas emociones. No puedo pasar por alto que tuve muchos seres de luz que me alumbraron el camino: mi familia, una maestra, buenos amigos, muchos ángeles sin alas que vienen y van dando ánimos, llevándote de la mano. Todo se confabuló para cumplir mi sueño dorado: escribir libremente, con el colchón de la tranquilidad que da el salario mensual y los hijos criados. Mi respuesta resumida, querida Matza:  he hecho todo lo posible persiguiendo mis sueños y, al mismo tiempo, creo que no he hecho nada especial,  solo tuve que dejar fluir. Creo que mis sueños me persiguieron, me acompañaron, me enseñaron el camino, me dieron fuerza y vida. Si no existieran, tendríamos que inventarlos. Son el motor de nuestras vidas, son ciertamente sueños dorados.

Tengo que explicarte también que  he conocido a muchísima gente inmensamente feliz que ha abandonado sus sueños iniciales. Por mencionar algunos ejemplos: un joven cuyo sueño era sacar buenas notas en bachillerato para estudiar medicina como su hermano. Lo consiguió. Al terminar primero de medicina, abandonó la carrera. Descubrió que se había equivocado. Estudió para ser profesor de primaria. Es el chico más feliz del mundo y un maestro excepcional. Otro, llamémosle Juan. Excelente estudiante, hizo doble bachillerato de letras y de ciencias. Optó por una ingeniería. La terminó con éxito y tuvo ofertas de trabajo impresionantes y con contratos fijos en distintas empresas. Descubrió que no era feliz. Lo dejó todo. Decidió ser profesor de secundaria. Otro que estudió ingeniería aeronáutica para complacer a sus padres, al terminar decidió estudiar filosofía. Su padre lo decía con orgullo porque había leído todo los libros que nunca había podido leer estudiando ingeniería. Conozco muchos casos más pero no sigo, solo quiero compartir esta reflexión. No sabemos el origen de nuestros sueños, intuimos qué están relacionados con nuestro entorno y nuestras circunstancias.  Pero da igual su origen, lo que importa es que cada persona se sienta en paz consigo mismo por haber hecho lo que consideró era lo mejor  en cada etapa de su vida. Los sueños son un bonito motor para ayudarnos en el camino, dan motivación pero no importa si en el camino descubrimos sueños nuevos, rutas nuevas y reconducimos nuestra vida para ajustarla a la nueva realidad y a los nuevos sentimientos.

«Empieza donde estás. Utiliza lo que tengas. Haz lo que puedas» Arthur Ashe.

¿Te apetece contestar a esta pregunta de qué has hecho con tus sueños? Adelante. No se publicará al momento. Por responsabilidad y para evitar escritos ofensivos o que inciten al odio, revisaré todo antes de publicarlo.

@riaalmaria

Mis sueños se quedaron atrapados en las dudas e inseguridades que me tocó vivir. Al final vas dejando atrás muchos sueños y te aferras a lo prioritario: ganar tu independencia, no depender de tus padres y eso tiene un coste. No puedes estudiar carreras ideales en países ideales, por ejemplo. En mi época no había Erasmus ni nada parecido y al final estudiabas lo que estaba cerca de casa porque te salía más barato y lo importante era ganarte la vida cuanto antes. Y esa es la trampa, una vez tienes un salario la creatividad y los sueños se van apagando y dejando de lado porque surgen otras necesidades que tienes que priorizar: criar los hijos lo mejor que puedes y ayudarles a cumplir sus sueños. Así que puedo decir que mis sueños es que mis hijos puedan cumplir los suyos. Con eso ya me siento satisfecho. María

@karmadecarmen

María, en el fondo siento que tienes mucha razón pero hay otra cara de moneda y es que hay muchas personas que tienen claros sus sueños, luchan por ellos con tesón y con mucha paciencia y van consiguiendo metas increíbles. Eso les anima a seguir subiendo esa montaña que parecía imposible. Justo cuando vas pasito a pasito, sin darte cuenta, aparece un viajero amable que te dice un atajo, otro que te hace compañía, y al final, sin darte cuenta estás dentro de tu sueño, aunque te parecezca increíble que hayas llegado hasta allí. Los sueños de tus hijos serán sus sueños y tu puedes apoyarles pero nunca renunciando a los tuyos. Los sueños son parte de nuestro ser, el motor que nos empuja a crecer, a innovar, a superarnos. No son algo estático. Los sueños fluyen con las circunstancias y hay que fluir con ellos. Precisamente, si tienes hijos, nunca tires la toalla. Ellos crecerán libres luchando por sus sueños y serán felices viéndote a ti libre luchando por los tuyos. Yo creo que los sueños no son estaciones de llegada, no es un destino, es un camino que explorar, y durante esa exploración vas creciendo, enriqueciéndote, disfrutando el presente que te haya tocado vivir. Recuerda esos versos de Machado tan bien interpretados por Serrat: caminante no hay camino, se hace camino al andar…

Pere Aloy

@pere_aloy_

hace un día

Relatos en castellano

“QUÉ SERIA DE LA VIDA SIN UN BUEN SUEÑO”

Que sería de la vida sin un buen sueño, así empezaba una obra teatral en la que participé de pequeño en el teatro de mi pueblo, escrita por un amigo que fue ejemplo de cómo vivir con pasión haciendo lo que le gustaba, en su caso escribir guiones de tv, radio o teatro. Nos dejó demasiado pronto pero aprovechó su tiempo, siguió su impulso creativo que, en ningún momento, buscaba recompensa o un resultado concreto.

Esta es la primera idea que ha aparecido cuando me he puesto a teclear, no suelo escribir mucho, aunque no se porqué extraña razón en este blog hay una persona que se empeña en que lo haga, je je je… quizá es la motivación que necesito para seguir con el libro que tengo empezado, quién sabe… a lo mejor en unos años mi libro será un best seller… ¡NO LO SE! Como me gusta no saber, cuando mi mente empieza a inventar historias sobre cómo será tal y tal cosa o cómo debería, ser siempre utilizo esta frase y ahí mi mente descansa, ¡NO LO SE!. Y me dispongo a ser sorprendido por la vida tal cual sucede en cada momento. Tampoco era mucho de leer hasta que un proceso depresivo que bien pudo durar unos cinco años y que, progresivamente y sin darme apenas cuenta, fue borrando toda la ilusión de aquel niño que abría el espectáculo cantando, solo, delante de cien personas, una canción que hablaba de sueños, pues bien, ahora yo era una victima del mío, no lograba que se cumpliera o al menos no como yo pensaba que tenía que suceder y toqué fondo cuando empezaron a aparecer algunos pensamientos suicidas. En este punto estás a un pensamiento de girar el volante del coche y terminar con todo pero también estás a un pensamiento de darte cuenta que tiene que haber otra manera y empezar de nuevo otra vez. Elegí la segunda opción y con esta predisposición algo en mi interior me agarró de la mano y me llevo pasito a pasito a una visión del mundo más pacífica y amorosa. Llegué al lugar donde mora la paz y me quedé a vivir allí para siempre. La primera reflexión fue: Si todo lo que he aprendido hasta ahora no me ha servido para ser feliz debo aprender cosas nuevas. Ahí entran en escena los libros que fueron llegando, cada uno a su debido tiempo. Me queda la sensación que en lugar de buscarlos yo a ellos, eran ellos que me encontraban o me elegían; de repente un libro mal colocado en una estantería me llamaba la atención o una conversación en el metro sobre un libro entre dos desconocidos… un libro me llevaba a otro, estiraba del hilo y seguía las referencias que aparecían en ellos. Ahora hace tres años y unos 200 libros que empezó mi segunda vida, cuando me di cuenta que solo tenía una. Ahora puedo decir que he descubierto una felicidad que nada tiene que ver con la consecución de ninguna meta o sueño sino con el simple hecho de dirigirte hacia esa meta, no me acuerdo donde leí una frase que de entrada suena muy dura “Lo peor de tener un sueño es conseguirlo”, espera no te ofendas, sigue leyendo, en cierta manera lo que te hace levantarte cada mañana es ese sueño con el convencimiento que cuando lo consigas serás feliz, la sorpresa viene después porque si alguna vez has conseguido el tuyo o algo que desearas, inmediatamente después te habrás dado cuenta que te invade una sensación de… ¿y ahora qué? Eso que se explica tan bien en la película SOUL de Disney, que os recomiendo puesto que tiene mucho que ver con el tema que nos ocupa. Acto seguido al ¿ahora qué? aparece el miedo a perderlo y la responsabilidad de defenderlo para que nadie lo amenace o que nunca cambie, desearías detener el tiempo para permanecer en esa alegría que, como habrás comprobado es efímera, porque en realidad la verdadera alegría es eterna pero hay que dejar de buscarla en los sueños, las expectativas y los resultados, en las cosas materiales o en las relaciones personales. Una vez encontrada esa alegría ve en busca de todo eso pero sabiendo que no lo necesitas para estar completo y que puedes amar y aceptar cualquier momento presente suceda como suceda, obtengas lo que obtengas de él. Comprender que no es lo que consigues o recibes de las situaciones o las personas, sino precisamente lo que das y sobre todo cómo te siente mientras lo estás dando. Así que para rematar te diría ten tu sueño, ama tu sueño, esfuérzate por conseguirlo pero sabiendo que en realidad, no lo necesitas y que si por el momento no puedes hacer lo que amas siempre hay la opción de amar lo que haces, que a tu alma no le importa lo que haces sino cómo te sientes mientras haces lo que estás haciendo.

Quiero acabar compartiendo un pequeño momento de inspiración que llegó desde el silencio y conexión conmigo en forma de sentimiento, emoción, experiencia o comprensión espontánea, estas palabras nunca serán suficientes para explicar la experiencia, sería como querer explicarle a un ciego cómo és el color purpura, ahí va…

“Vida, ya estoy aceptado, ya soy amado, ya soy suficiente, tengo tu aprobación puesto que existo en ti, tu me existes, me permites ser, ser así tal cual soy tal cual existo libre de juicio, libre de culpa y así quiero amar y ver al mundo, ver como tu me ves, amar como tu me amas.”

@karmadecarmen

Muchas gracias por tu relato. Lo he disfrutado mucho y cuando hablabas de que no sabías si tu buscaste los libros o los libros te buscaban, me arrancaste una sonrisa porque es una idea muy recurrente en mi vida, tanto con los libros, como con los amigos, o cualquier experiencia. Siempre tengo la duda de si los busqué o me han buscado. Justo ayer lo hablaba con una amiga, siempre dudas de si ha sido tu fuerza de voluntad y determinación para seguir un camino determinado o es una fuerza sutil escondida en el adn de la mochila con la que naciste, la que te va guiando. Incluso cuando tú dices que alguien en este blog se empeña en hacerte escribir, me hiciste reír porque yo dudo quien empujó a quién. Yo creo que fue una de tus frases de instagram la que vino a avisarme para que te invitara a escribir en este blog de sueños jaja. Ahí te dejo la duda

He apreciado mucho tu reflexión sobre los sueños y lo que más me apasiona es cómo cada persona ve el tema desde perspectivas distintas y sin embargo con muchas coincidencias, tantas que me acordé del poema de Itaca de Kavafis, que acabo de buscar en internet y que dejo aquí porque siento que, de alguna manera, sintetiza tu visión de los sueños y la mía. Lo que importa es el proceso, el camino, no la meta; el presente, no el futuro; el día a día, no lo que pase cuando lleguemos a la cima de la montaña, porque después de esa montaña habrá otras y lo importante es disfutar cada paso, cada instante. Por eso en mi relato decía que no hay un único sueño, que se van perfilando y reformulando en función de las circunstancias y que lo importante es sentirte en paz y en armonía en esa nueva ruta. Tu lo has hecho, algo o alguién, algún día igual nos lo explicará la física cuántica, te llevó a donde estás ahora. Yo también tuve mis guías para poder estar aquí y ahora, haciendo lo que siempre he amado profundamente, escribir para compartir, para sentirnos conectados.

Gracias por compartir, para mi es lo más hermoso, porque intercambiar ideas y compartir reflexiones es de lo más enriquecedor. Te ayuda a ver la vida con distintas lentes y nos amplia la inmensidad de nuestros horizontes.

Dejo aquí en enlace y el poema de Kavafis.

http://lassandaliasdeulises.com/camino-a-itaca-poema-kavafis/

Poema Itaca de Kavafis

Itaca

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

Poema de Konstantino Kavafis

Este poema de Kavafis es el que le da sentido y origen a Las sandalias de Ulises  el viaje de la vida, disfrutar de cada etapa del camino, el Viaje Emocional ,  al interior y a nosotros mismos. Lo más importante no es llegar, es enriquecerse de todo lo que nos aporta el camino de la vida.

¿Qué os parece este poema? ¿Os parece que el viaje a Itaca es un buen simil de la vida?

@doloresespiñeirafigueiredo

DORADO
El escenario es un pequeño pueblo de Galicia, rodeado de viñedos, montes y con un río.
En una de las doce casas del lugar, vivía María, una niña, un poco revoltosa, alegre y muy despierta. Era feliz con lo poco que tenía.
Una de sus aficiones era, coleccionar;  coleccionaba envolturas de caramelo, de todos los colores, pero …las que más le atraían, eran las que tenían algo dorado, las tenía metidas, cual Urraca, en una cajita de madera, que en su día, había sido una caja de puros. Era su bien más preciado.
También le fascinaban los anillos de boda de sus padres por su color dorado.
Le gustaba que su abuela le enseñará la cajita azul forrada en terciopelo, con adornos, donde tenía guardados: un alfiler de corbata del abuelo, una pulsera de pedidacon tres florecillas y una pulsera de oro, preciosa.  A María le parecía fascinante y le decía a su abuelita «Deixama un pouquiño, mamá Julia»,ella se la ponía en su bracito. María la besaba…

Publicado por karmadecarmen

Mi pasión es escribir pero antes fue docente, formadora, autora y asesora, hasta que conseguí eso que Virginia Woolf llama una habitación propia y aquí estoy, disfrutando de esta nueva oportunidad que me regaló la vida.

3 comentarios sobre “Relatos en castellano

  1. “QUE SERIA DE LA VIDA SIN UN BUEN SUEÑO”

    Que seria de la vida sin un buen sueño, así empezaba una obra teatral en la que participé de pequeño en el teatro de mi pueblo escrita por un amigo que fue ejemplo de como vivir con pasión haciendo lo que le gustaba, en su caso escribir guiones de tv, radio o teatro, nos dejó demasiado pronto pero aprovechó su tiempo siguió su impulso creativo que en ningún momento buscaba recompensa o un resultado concreto.

    Esta es la primera idea que ha aparecido cuando me he puesto a teclear, no suelo escribir mucho, aunque no se porque extraña razón en este blog hay una persona que se empeña en que lo haga, je je je… quizá es la motivación que necesito para seguir con el libro que tengo empezado, quien sabe… a lo mejor en unos años mi libro será un best seller… NO LO SE! Como me gusta no saber, cuando mi mente empieza a inventar historias sobre como será tal y tal cosa o como debería ser siempre utilizo esta frase y ahí mi mente descansa NO LO SE! Y me dispongo a ser sorprendido por la vida tal cual sucede en cada momento. Tampoco era mucho de leer hasta que un proceso depresivo que bien pudo durar unos cinco años y que progresivamente y sin darme apenas cuenta fue borrando toda la ilusión de aquel niño que abría el espectáculo cantando, solo, delante de cien personas una canción que hablaba de sueños, pues bien ahora yo era una victima del mío, no lograba que se cumpliera o al menos no como yo pensaba que tenía que suceder y toqué fondo cuando empezaron a aparecer algunos pensamientos suicidas. En este punto estás a un pensamiento de girar el volante del coche y terminar con todo pero también estás a un pensamiento de darte cuenta que tiene que haber otra manera y empezar de nuevo otra vez. Elegí la segunda opción y con esta predisposición algo en mi interior me agarró de la mano y me llevo pasito a pasito a una visión del mundo mas pacífica y amorosa llegué al lugar donde mora la paz y me quedé a vivir allí para siempre. La primera reflexión fue: Si todo lo que he aprendido hasta ahora no me ha servido para ser feliz debo aprender cosas nuevas y ahí entran en escena los libros que fueron llegando cada uno a su debido tiempo, me queda la sensación que en lugar de buscarlos yo a ellos eran ellos que me encontraban o me elegían, de repente un libro mal colocado en una estantería me llamaba la atención o una conversación en el metro sobre un libro entre dos desconocidos… un libro me llevaba a otro, estiraba del hilo y seguía las referencias que aparecían en ellos. Ahora hace tres años y unos 200 libros que empezó mi segunda vida, cuando me di cuenta que solo tenia una. Ahora puedo decir que he descubierto una felicidad que nada tiene que ver con la consecución de ninguna meta o sueño sino del simple hecho de dirigirte hacia esa meta, no me acuerdo donde leí una frase que de entrada suena muy dura “Lo peor de tener un sueño es conseguirlo” espera no te ofendas sigue leyendo, en cierta manera lo que te hace levantarte cada mañana es ese sueño con el convencimiento que cuando lo consigas serás feliz la sorpresa viene después porque si alguna vez has conseguido el tuyo o algo que desearas inmediatamente después te habrás dado cuenta que te invade una sensación de… ¿y ahora qué? Que tan bién se explica en la película SOUL de Disney, la cual os recomiendo dado que tiene mucho que ver con el tema que nos ocupa. Acto seguido al ¿ahora qué? aparece el miedo a perderlo y la responsabilidad de defenderlo para que nadie lo amenace o que nunca cambie, desearías detener el tiempo para permanecer en esa alegría que como habrás comprobado es efímera porque en realidad la verdadera alegría es eterna pero hay que dejar de buscarla en los sueños, las expectativas y los resultados, en las cosas materiales o en las relaciones personales y una vez encontrada esa alegría ve en busca de todo eso pero sabiendo que no lo necesitas para estar completo y que puedes amar y aceptar cualquier momento presente suceda como suceda obtengas lo que obtengas de él, comprender que no es lo que consigues o recibes de las situaciones o las personas sino precisamente lo que das y sobre todo como te siente mientras lo estás dando. Así que para rematar te diría ten tu sueño, ama tu sueño, esfuérzate por conseguirlo pero sabiendo que en realidad no lo necesitas y que si por el momento no puedes hacer lo que amas siempre hay la opción de amar lo que haces, que a tu alma no le importa lo que haces sino como te sientes mientras haces lo que estás haciendo.

    Quiero acabar compartiendo un pequeño momento de inspiración que llegó des del silencio y conexión conmigo en forma de sentimiento, emoción, experiencia o comprensión espontanea, estas palabras nunca serán suficientes para explicar la experiencia, seria como querer explicarle a un ciego com és el color purpura, ahí va…

    “Vida, ya estoy aceptado, ya soy amado, ya soy suficiente, tengo tu aprobación puesto que existo en ti, tu me existes me permites ser, ser así tal cual soy tal cual existo libre de juicio, libre de culpa y así quiero amar y ver al mundo, ver como tu me ves, amar com tu me amas.”

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  2. No hay mal que por bien no venga
    Esta es una frase que me gusta, tal vez sea por algo que ocurrió antes de que yo naciera, pero que tuvo una gran influencia en mi existencia.
    Si mi padre hubiese seguido el consejo de su casera aquel día que volvía del trabajo en New Jersey, si no hubiese ido a echar aquella carta para sus padres en Galicia y se hubiese quedado a resguardo en la pensión, cuando ella le advirtió que los de inmigración andaban por la zona, tal vez aún seguiría residiendo ahora en los Estados Unidos.
    Pero Juan decidió que malo sería, que sólo eran unos metros hasta el buzón y enseguida estaría de vuelta en su habitación. El destino y el atrevimiento de sus 25 años hizo que su vida diera un giro al encontrarse con dos agentes, cuando ya estaba a la puerta de la pensión. Fue arrestado y al día siguiente conducido a la Isla de Ellis, muy cerca de la isla de la Estatua de la Libertad. Allí pasó cerca de 2 meses, lamentándose de su mala suerte y arrepintiéndose de su falta de precaución.
    Llevaba en los EEUU cerca de año y medio, después de haber dejado marchar el barco en el que trabajaba como fogonero. Su intención, como la de muchos otros antes y después que él, era quedarse trabajando en los duros empleos que muchos empresarios ofrecían a los inmigrantes sin papeles. A principios de los cincuenta en EEUU había mucho trabajo para las personas que escapaban del hambre y la miseria de sus países de origen. Al cabo de unos cuantos años, si demostraban que eran buenos trabajadores y contribuían al progreso de los EE UU, tal vez podrían obtener la «Social Security» y los papeles que les permitirían residir allí.
    Pero todo le salió mal a Juan … O tal vez no, porque pocas semanas después de ser deportado a España, y regresar a su rincón natal en la Ría de Arousa, Juan conoció a Pura. Cerca de 3 años duró el noviazgo, aunque contando los días que pudieron salir juntos, cuando Juan no estaba embarcado, tal vez no llegasen ni a 3 meses. Se casaron y al cabo de un año y medio llegué yo. Mi hermano vendría al mundo 4 años más tarde. Ninguno de los dos existiríamos sin la contribución de aquellos agentes que aquel día, en busca de los «sin papeles», se encontraron con mi padre.

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    1. Es una historia preciosa. Recuerdo un maravilloso viaje a Nueva York justo el año que vimos con dolor cómo se derrumbaban aquellas Torres Gemelas en las que habíamos estado, hacia apenas un mes. Visitamos la Isla de Ellis y recuerdo estar tomando notas como una loca para hacer una unidad didáctica para mis alumnos. Había frases preciosas de los recuerdos de todos los inmigrantes que habían estado allí. Me impactó mucho y ahora al leer que tu padre estuvo allí creo que efectivamente no hay mal que por bien no venga. Allí estaban hacinados y me imagino que tenían que ser muy duro estar tan lejos de tus seres queridos, tu entorno, tus valles, tu mar Atlántico con sus vitales olas que dan vida, y él allí solito hacinado con cientos de personas desesperadas en busca de futuro. Efectivamente, por suerte para ti, esa acción de tu padre, aparentemente irresponsable, fue tal vez la acción más valiente de su vida que le llevó por el camino de una vida plena con sus seres queridos y con su propia familia. Tiene que estar muy orgulloso del coraje que tuvo ese día para arriesgarse a salir a echar esa carta que seguro iba cargada de cariño y buenos deseos para su familia. Pregúntale más cosas y compárelas que son muy interesantes para sus nietos y para todos los jóvenes. Para animarte, por si te ayuda, voy a dejar cuantro haikus por si te inspiran. Si prefieres escribir libremente, hazlo libremente y con toda la naturalidad, lo que prefieras pero anímate a preguntarle más anécdotas a tu padre por favor y compártelas..

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